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La detección temprana de los Trastornos del Espectro Autista es compleja ya que:
En la mayoría de los casos son los padres quienes dan las primeras señales de alerta.
Todavía hoy existe una falta de información de la mayoría de los pediatras y profesionales de atención temprana para poder detectar el autismo de forma temprana.
No existen pruebas médicas específicas para su diagnóstico, y éste se basa en la observación y valoración de la conducta del niño, siendo necesario ajustarse a los criterios diagnósticos consensuados internacionalmente.
Se hace evidente la dificultad de evaluar las alteraciones sociales propias de los TEA en niños muy pequeños.
Son múltiples las manifestaciones en forma e intensidad en la que aparecen dichos trastornos en las primeras edades.
Aún con todas las dificultades de detección temprana puede darse en torno a los 18 meses de edad o antes, al haberse identificado señales de alerta en el desarrollo que pueden apuntar a la aparición de un TEA.
Los principales signos de alarma son:
Ausencia de balbuceo
Ausencia de la conducta de señalar y otros gestos a los 12 meses.
Ausencia de palabras sueltas a los 16 meses.
Ausencia de frases espontáneas de palabras a los 24 meses.
Pérdida de socialización o de lenguaje a cualquier edad
Alrededor de los 2 años de vida, los síntomas más frecuentes y significativos son ausencia de una mirada normal a los ojos; no compartir interés o placer con los otros; falta de respuesta al ser llamado por su nombre; no “llevar y mostrar” cosas a los demás, y no señalar con el dedo índice.
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