|
Con independencia de la gran variabilidad de grados y niveles entre las personas con Trastornos del Espectro Autista, todas tienen posibilidades reales de desarrollo y avance si se les proporcionan los apoyos adecuados.
Existe una relación estrecha entre integración en contextos laborales y aumento de la calidad de vida de personas con TEA. Esta afirmación que en principio, era fruto de valoraciones subjetivas sin valor científico, hoy se pueden evidenciar a través de algunos instrumentos específicos de medida que se han empezado a utilizar. Se trata de varias propuestas de sistematización y agrupación de indicadores de calidad de vida. En cualquier caso, no abundan en España los estudios científicos sobre la calidad de vida en personas adultas con autismo, por lo que quizás sea el momento de replantear estudios metodológicos sobre la calidad de vida en personas adultas, cuestión sin duda de gran importancia para profesionales, familias y responsables de políticas relacionadas con la discapacidad. Siguiendo esta línea argumental, se deduce que si se consigue aumentar la calidad de vida de las personas con TEA dando cobertura a las necesidades que en cada etapa demanda, es lógico concluir que hay que diseñar y dar respuesta a cuestiones ocupacionales y de “entrenamiento” laboral, ya que éstas, por sí solas, se erigen como prioritarias en la vida adulta, tal y como lo sería para cualquier persona en la etapa adulta. En general, y siguiendo las palabras de Domingo García Villamasar “la calidad de vida se incrementa cuando las personas con autismo alcanzan una buena integración en la comunidad y son aceptados por la misma”. Es decir, una persona con TEA alcanza y mejora de forma notable su calidad de vida si: - Se satisfacen y cubren sus necesidades básicas.
- Si se le proporcionan los medios adecuados para que, en función de sus limitaciones pueda seguir avanzando en sus logros y en las diferentes esferas de la vida.
- Si con todo ello cubre las expectativas que de ellos se espera en “contextos normalizados”.
|